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Alex Wolker y el anillo de Zanydra

Catálogo:
Autor: Laura Ansino
ISBN: 978-84-941657-0-2
País original: España
Idioma original: Español
Fecha de publicación: 2013
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Español
Hace muchos años vivió en Casellnorz una hechicera, Zanydra. Las Hadas Blancas, conocedoras del poder tan extraordinario de su magia, le pidieron ayuda para vencer al Poder Negro, que estaba tratando de destruir su reino. Zanydra entró en el mundo de las Hadas Blancas, donde venció a los Magos Negros, que se vengaron de ella lanzándole una maldición: Zanydra se quedaría eternamente en el mundo de la fantasía sin poder regresar con los suyos. Para lograr romper la maldición, Zanydra tuvo que despojarse de todos sus poderes y ocultarlos en un anillo que quedó custodiado en el Palacio de las Hadas. Así, consiguió regresar con los suyos en la condición de humana y mortal. 

Las fuerzas oscuras que habitaban en el palacio descubrieron la existencia del anillo y pusieron sobre aviso a los Magos Negros. A partir de ese momento, surgió la Profecía de los Wolker. El primer sucesor de Zanydra que heredara sus poderes, moriría y con su muerte se extinguiría la descendencia de Zanydra, y su poderosa magia. 

En la actualidad, la familia Wolker suponía que dicha Profecía ya no existía. Nadie conocía los poderes de Alex Wolker, un chico de 12 años, tataranieto de Zanydra y fan de los juegos de magia, ni siquiera él mismo. Pero una primavera ocurrieron unos sucesos muy extraños. Dos Magos Blancos viajaron al mundo de los humanos en busca del heredero de Zanydra. 

A partir de ese momento, en la familia Wolker se reaviva la información sobre la Profecía. Alex comparte con su hermana y dos de sus mejores amigos los misteriosos sucesos. La Profecía reclama el regreso de Alex al mundo de la fantasía, para ayudar a las Hadas Blancas frente al Poder Negro, al igual que hizo Zanydra en su día. 

Guiados por la Magia Negra, sin saberlo, Alex, su hermana y sus dos amigos, se adentran en el mundo de la fantasía, un mundo mágico y maravilloso, pero en absoluto exento de graves peligros. Allí serán protagonistas de una serie de aventuras, en donde las traiciones y la magia, pondrán en peligro sus vidas. 

Fragmentos originales:

Amanecía una mañana tranquila en Casellnorz, una población costera al norte de los Pirineos, pintoresca y especialmente bella. Ya se empezaba a notar la llegada de la primavera. Asomaban las primeras flores, y con el verdor propio del paisaje, creaban una deslumbrante gama de colores.

Los habitantes de Casellnorz esperaban ansiosos esta época. Las grandes nubes grises, que solían entristecer y oscurecer el ambiente, se alejaban para dar paso a días cada vez más cálidos y largos. Como cada año, los vecinos sacaban a los jardines hamacas, tumbonas, sombrillas, mesas y barbacoas, en un festín de emociones, colores y aromas, donde risas, juegos, recuerdos y chismorreos amenizaban las reuniones de amigos y familia. Era una época mágica.

La familia Wolker no era una excepción. Rose, la señora Wolker, era un ama de casa, delgada y alta, con pelo oscuro y liso que le llegaba a los hombros. Dos palabras bastaban para de"nirla: educada y atractiva. Paul, el señor Wolker, era alto, de complexión normal y pelo oscuro. Se distinguía por su aspecto formal y pulcro y su aire, algo frío y distante, era solo apariencia. Trabajaba en el área jurídica de la conservera de pescado, la empresa que daba trabajo a gran parte de la población de Casellnorz.

Los Wolker tenían dos hijos mellizos: Alex que debía su nombre y su aspecto físico (no así su carácter, que había heredado de su madre) a su abuelo paterno, uno de los fundadores de la conservera, y Sara, una chica aplicada, inteligente y perspicaz. A sus doce años ya tenía grandes sueños de futuro. Alex, en cambio, era más inocente y menos ambicioso respecto a su futuro, lo que lo llevaba a vivir su etapa juvenil con mayor intensidad. Tenía dos compañeros inseparables, tanto dentro como fuera del colegio, Eric y Guille.

Eric era valiente, decidido y leal. El graciosillo del grupo, siempre andaba a la caza de la mínima ocasión para gastar una broma. Guillermo, al que todos llamaban Guille, era goloso. Aunque comía de todo, le volvían loco los dulces; de ahí que le sobraran algunos kilos. No era tan valiente como Eric, y mucho menos decidido, pero compartía con él una gran cualidad: la lealtad al grupo.

Alex era el más imaginativo de los tres. Sus juegos preferidos eran de magia y fantasía. Sus padres intentaron que abandonara su acción por la magia, animándolo a interesarse por otros juegos, sin resultado. Sin embargo, Alex no era un mago demasiado habilidoso. Lo normal era que divirtiera a sus amigos y familia por sus fracasos antes que por sus éxitos.

Los tres amigos tenían un lugar preferido y prohibido para sus juegos, el castillo. Construido muchos siglos atrás, se erguía, imponente, en lo alto de una colina y frente a un acantilado. Era la herencia a Casellnorz de un noble que había muerto sin descendencia. Reducido a grandes moles de piedra medio derruidas, poco era lo que quedaba de su esplendoroso pasado. Aun así, era famoso tanto por su antigüedad como por ser el supuesto escenario de sucesos extraños y fantasmagóricos que se relataban desde tiempos lejanos. Todas las entradas permanecían cerradas a cal y canto para evitar que se colaran críos traviesos. Pero que estuviera prohibido era una emoción añadida, y Alex y Eric no tardaron en dar con el único acceso al interior, una trampilla. Una vez dentro, iban hasta una puerta lateral, la abrían y dejaban entrar a Guille. Luego, al marcharse, la cerraban para que nadie la descubriera.

Era jueves, aún quedaba un día para el ansiado viernes y todos tenían puestos los ojos en el "n de semana. Parecía que el tiempo iba a acompañar el comienzo de la primavera y los habitantes de Casellnorz hacían planes con ilusión.

Los Wolker sabían de la maldición de Zanydra y la profecía. Cada generación había sido informada convenientemente por la generación anterior, pero, con el paso del tiempo, los conocimientos sobre la misma y el temor que originaban, se habían ido atenuando.

La tatarabuela materna de Alex, Zanydra, fue una hechicera con extraordinarios poderes mágicos. En un momento de su vida, la reclamaron en el mundo de la fantasía. En él, el Reino de las Hadas Blancas estaba en peligro. Los círculos que rodeaban este reino y lo protegían de la Magia Negra, comenzaron a ser destruidos por el Poder del Mal.

Las Hadas Blancas llamaron entonces a Zanydra, que logró vencer los poderes malignos que acechaban el reino. En venganza, el Poder Negro la condenó a vivir eternamente en el mundo de la fantasía. Zanydra consiguió romper esta condena desprendiéndose de todos sus poderes, pudiendo así, regresar a su mundo.

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